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CAC Argentina Gobierno Naciona Macri

 


Declaración de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios sobre la situación argentina.


Desde su asunción en diciembre de 2015, el Gobierno encabezado por el presidente Macri obtuvo importantes logros, como el fin del “cepo cambiario”; la salida del default; la recomposición de las reservas del Banco Central; y el inicio de una política de reducción de los subsidios a los servicios públicos. Asimismo, deben ponderarse las importantes obras públicas destinadas a modernizar una infraestructura deteriorada (sin los escandalosos sobreprecios de otrora); la expansión del transporte aéreo; las inversiones en el yacimiento Vaca Muerta; así como la implementación de las PPP (Participación Publico Privada); y leyes como las de “Financiamiento Productivo” y la “Ley Pyme”. Fuera de la esfera estrictamente económica –aunque no independiente de ella– pueden mencionarse logros tales como la recomposición de las relaciones con las principales naciones del mundo (la exitosa cumbre del G20 fue prueba cabal de eso); el avance en la lucha contra el narcotráfico; el respeto por la libertad de prensa y de expresión de la ciudadanía; y la independencia entre los poderes del Estado –inherente a una República–, entre otros.

Sin embargo, el año 2018, en lo económico, estuvo signado por una fuerte depreciación de la moneda local, que derivó en una aceleración inflacionaria y caídas de los niveles de actividad. En lo que respecta a Comercio y Servicios, los últimos datos disponibles acusan el impacto de la crisis en materia de actividad; y las muy elevadas tasas de interés, producto de la política contractiva llevada adelante por el BCRA para contener la inflación, comprometen a las empresas, especialmente a las pymes. A pesar de esto, para los primeros 9 meses del año, Comercio y Servicios generó nuevos puestos de trabajo. En los tres años de gestión del presidente Macri la inflación se mantuvo elevada, mientras que el PBI solo creció en 2017. Por otra parte, no se logró bajar significativamente el empleo en negro y la informalidad en general; la deuda pública se incrementó; las exportaciones han tenido hasta el momento un dinamismo limitado; y los abultados déficits gemelos (fiscal y externo) recién comenzaron a corregirse sensiblemente en 2018 –en el marco de la crisis que hoy nos afecta–, al igual que el exorbitante gasto público heredado, récord absoluto en nuestra historia. Los niveles de riesgo país, en tanto, evidencian la desconfianza que nuestra economía aún genera en los inversores mundiales.

Al momento de encontrar una explicación para este escenario, puede mencionarse ciertas falencias de gestión, reconocidas por el propio Gobierno, el deterioro del contexto internacional y la sequía que afectó a la última campaña agrícola. Pero, más allá de esto, deben tenerse en cuenta las condiciones estructurales en las que la actual gestión se hizo cargo del país. El presidente Macri heredó una economía con profundos desequilibrios y cercana a un colapso; y con necesidad de muchos cambios estructurales, que, acorde con la estrategia gradual elegida por el Gobierno, aún no se han materializado, a pesar de la vocación de avanzar en este sentido.

Una de estas transformaciones –quizás el principal reto en materia económica– exige reducir el “costo argentino”, mal de larga data que erosiona nuestra competitividad. En 2017, la CAC presentó un pormenorizado documento, denominado “Costo Argentino”, en el que se sostenía que “Los niveles de precios que pagan los argentinos por los productos más relevantes de la canasta de consumo son, en muchos casos, elevados en la comparación internacional”. Esta situación, además de implicar un perjuicio para los consumidores locales, conspira contra la solvencia externa del país, al erosionar, permanentemente, nuestras posibilidades de competir en los mercados internacionales.

Al momento de analizar las causas de este fenómeno, el estudio de la CAC detecta problemas específicos en algunas de las cadenas de valor consideradas (por ejemplo, fallas de productividad intrínsecas a las compañías), pero también observa que las falencias tienen, fundamentalmente, un origen externo a las empresas, derivadas del entorno macroeconómico. La comparación internacional muestra que la presión impositiva es mayor en nuestro país que en naciones de la región y otras del mundo desarrollado, encareciendo fuertemente la estructura de costos del sector privado. Asimismo, se señalan los problemas derivados de los costos laborales no salariales, las falencias logísticas, la deficiente calidad de la infraestructura, el escaso desarrollo del sistema financiero y la concentración en algunos mercados.

De lo expuesto, queda claro que, en esta nueva etapa de la Argentina se lograron importantes avances, muy opacados por los problemas del presente. Más allá de una recuperación coyuntural, nuestro país tiene por delante el desafío de resolver temas de fondo. Un fenómeno tan relevante como el “costo argentino” –y con tantas aristas– amerita la adopción de medidas en múltiples ámbitos. En el anexo del presente documento, y sin pretensión de exhaustividad, la CAC repite y actualiza algunas propuestas, que, de implementarse, colaborarían en la corrección de algunas de las distorsiones y permitiría avanzar hacia una economía estable y competitiva.

Pero, más allá de medidas de política económica, la Entidad está convencida de que es imprescindible consolidar un cambio institucional y cultural en nuestro país. Ante una sociedad atrapada en el cortoplacismo y acostumbrada a vivir por encima de sus posibilidades, es necesario reinstaurar la previsibilidad y la cultura del esfuerzo. En una economía que entre 1900 y 2017 tuvo 107 años de déficit fiscal –y que, al financiarlo mediante emisión, generó una inflación desmesurada que llevó a la supresión de 13 ceros en la moneda nacional– urge establecer un manejo prudente de las cuentas públicas. Es imperioso poner fin a la incontinencia secular en materia de gasto público, mal que está en la base de nuestras recurrentes crisis macroeconómicas. En definitiva, se requiere dar por superado de una vez y para siempre el populismo, reafirmar el imperio de la ley y consolidar las instituciones republicanas y la división de poderes. Solo así será posible que nuestra nación alcance el progreso al que los argentinos aspiramos.

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