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 Columna de opinión sobre las medidas preventivas que anunciará el Gobierno y el rol de los supermercadistas.


Cuando resurge la crisis en Argentina, la cual estamos acostumbrados a atravesar porque las vivimos desde hace más de 75 años, siempre se ataca al poderoso. Es por eso que hoy queremos hacer uso del famoso dicho "no maten al mensajero".

Acá se culpa a los supermercados que remarcan precios, a los proveedores que se anticipan a las medidas que puede llegar a anunciar esta tarde el Gobierno y hasta se los apunta con el dedo por posibles renegociaciones que realizan ambas partes por las listas ante un eventual congelamiento de precios.

Los anuncios que están por llegar son sólo el primer paso hacia el desabastecimiento -aunque saldrá por DNU la Lealtad Comercial, que tendrá un lapso de 180 días-, porque son casi los 60 productos que conforman el índice los que se van a congelar. Sin embargo, todos se olvidan de lo que provocó esta situación, de la causa que hace que ocurran estas acciones y nos referimos a: costos laborales inmensos, políticas previsionales obsoletas, una Ley Tributaria antiquísima y muchos otros costos como son los logísticos e impositivos, que hoy hacen inviable no solo tener una compañía, sino ser empresario. 

Es evidente que somos los empresarios con mejor cintura en el mundo porque el vértigo que nos da Argentina hace de nosotros unos profesionales super adiestrados. Es por eso que insistimos con que no maten al mensajero. 

Si de golpe hay inseguridad y una gran cadena de supermercados tiene que montar lo que llaman el "gran hermano" para monitorear local por local, tendrá un costo extra que se trasladará al producto. Otro ejemplo que podemos dar para graficar la situación es lo que sucede en el interior de nuestro país: los costos logísticos de una gran compañía nacional compite con otras a las que nos les corresponde pagar ingresos brutos, por lo que los precios que ofrecerá cada cadena serán distintos.

El concepto es, por un lado, la recurrencia de la gente a pegarle al poderoso; mientras que, por el otro, el tener claro que nadie es nene de pecho a esta altura del país. No hay que agredir o generar malestar en la comunidad supermercadista o el proveedor cuando en realidad no son medidas preventivas, sino mecanismos de defensa, las que se tomarán para seguir cuidando la fuente de empleo, la industria y la empresa.

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